Iniciando el viaje del religioso

El Viaje del Religioso

“La educación representa un cambio en el desarrollo de la mente humana, en el enfoque de su atención y en la calidad de los objetos apreciados.”  Frankel

La religión Yorubá tiene gran importancia por su reconocimiento como culto e idioma empleados en los rituales como consecuencia de la presencia de esta cultura en casi toda América, donde recibió el nombre genérico de Lucumí o como se le conoce más comúnmente Santería.

Como muchos en nuestros tiempos y religión sabe, mitológicamente el pueblo Yorubá fue proscrito de Meca y obligado a dirigirse para el occidente nigeriano, donde hasta hoy se encuentran, como consecuencia de una guerra civil entre Òdûdûwá y sus seguidores quienes eran conservadores y defendían el regreso a la idolatría islámica. Antes de organizar la expedición que vengaría su expulsión Òdûdûwá murió, aparentemente por sicariato assasin y su nieto Oranyán fue encargado de vengarlo, pues su hijo Okambí había muerto anteriormente sin estar claro si por las mismas circunstancias. Más Oranyán fracasó debido a las diferencias con sus hermanos. Esto es objeto de interesantes debates por parte de antropólogos, historiadores, investigadores y arqueólogos, profesionales y por hobbie, el tiempo arrojará elementos más creíbles de convicción entre la fábula y la realidad. Por ahora contamos con esta verdad.

La religión Yorubá es una religión de misterio, y las religiones de misterio no están destinadas a ser totalmente entendidas. Uno sólo puede entender su esencia. Su verdadero significado está para siempre oculto, al estilo de un témpano de hielo, en las profundidades de la inconsciencia humana.

Los misterios de la religión están profundamente arraigados en el suelo africano, en el país de Nigeria, la patria del pueblo Yorubá. Con la trata de esclavos, miles de Yorubás fueron traídos al nuevo mundo durante los pasados cuatro siglos. Con ellos trajeron la mitología y las prácticas de la religión, conocidas en Cuba como Lucumí y en Brasil como Macumba, candomblé, unbanda y quimbanda.

El acontecer de la vida de este pueblo desde el principio del tiempo, ha sido salvado por los tradicionalistas de ambos continentes y uso la palabra tradición por ser lo que en ambos continentes (África y América), son, tradiciones, profundamente arraigadas en el sentir del pueblo producto de la diáspora negrera y luego de mestizos y blancos que la han tomado como parte vital de su crecimiento personal, material y espiritual con sumo cuidado a través de símbolos y códigos; las divinidades, por ejemplo, están vinculadas con un elemento de la naturaleza y las leyes que lo rigen; así, de esta manera Shangó se identifica con el fuego, Òlókún con las aguas, Òrìshà-Oko con el trabajo de la Tierra, Eziza con el viento, Sankpana con las enfermedades y Ozain con la cura de estas, por nombrar algunas y esta, a su vez con el simbolismo religioso que en su momento fue tenido como imperante, el cristianismo; de ahí han salido a través del sincretismo, muchas veces vilipendiado y mal atacado, los Santa Bárbara, la virgen de Regla, los San Lázaro y un universo de símiles que contribuyeron a no sólo la preservación de esta increíble y magnífica forma de ver el mundo y su esencia mística, sino de honrar con mimo y cuidado la preservación de una nutrida forma oral de enseñanza y formación de valores éticos y morales, primero de un pueblo y ahora patrimonio del mundo entero, preservado gracias a la capacidad de supervivencia y adaptación del hombre en vulnerada situación de esclavitud. Dichos elementos (los Òríshas), son la manifestación de todo lo que existe y está contenido en el mundo que, según su representación, se compone en dos partes: Orun (el Cielo) y Aiye (la Tierra).

El hombre Yorubá no era un ignorante cuando fue colonizado. Esta cultura nos permite aproximarnos a su sistema filosófico de vida a través del cuerpo literario de los Òdu de Ifá y, si lo estudiamos detenida y desprejuiciadamente, encontraremos respuestas a preguntas que el hombre se ha hecho a lo largo de la historia. Este sistema filosófico-literario es el más acabado y refinado producto de la cultura Yorubá y, a pesar de que las costumbres de este pueblo han sufrido transformaciones, se mantienen arraigadas en la tradición valores como el respeto a la ancianidad, la lealtad, la honestidad, la devoción por el cumplimiento del deber y el empeño de formar a un hombre útil y solidario. Quienes representan e interpretan este sistema son sus sacerdotes mayores llamados Bàbálàwos.

Entre los postulados más importantes de Ifá, según el propio Òrúnmìla (la deidad de la sabiduría y portavoz de este sistema), está el convencimiento de que la adoración y culto a las divinidades es una responsabilidad personal y no colectiva. El servicio a Òlóddúmàré (Dios, el Creador) y al resto de las deidades, son asientos para el alma y destino individuales. Si un ser humano ama o no al prójimo, cumple o viola las leyes naturales y divinas, es un asunto de la voz de Òlóddúmàré que clama en él.

Para aprehender el maravilloso mundo de las deidades, es necesario enterrar los prejuicios individuales y colectivos de este lado del Atlántico; de lo contrario, no estaremos en condiciones de asimilar los aportes de esa filosofía y aunque nadie es poseedor de la verdad absoluta, un estudio histórico-social profundo en el terreno de los hechos, nos permitirá sentirnos más próximos a nuestras raíces y a nuestra historia. De igual manera, adoptar nuevas realidades, desechando nuestra experiencia centenaria, es un acto de total agravio y mal agradecimiento con nuestros ancestros y nuestra propia naturaleza como criollos, producto de una constante evolución, por el hecho de la elevación, más que por el peso de la revolución, así lo deben entender del otro lado de Atlántico; siempre debemos acordar y recordar que nuestra fe es dinámica y se autopreserva, pero Ifá siempre estará a pesar o a la gracia de nosotros. De nosotros depende seguir siendo sus mejores exponentes o su más vacía representación, los nuevos tiempos así nos lo demuestran.

En la actualidad, la religión Yorubá se ha extendido a otras partes del mundo, constituyéndose con toda seguridad en una de las más emergentes religiones del mundo, con una filosofía jamás conformista y dedicada a la mejor construcción del Ser, porque de forma noble y espiritualmente rica ha penetrado en el corazón y la consciencia de muchos hombres ávidos de vivir, de hombre y mujeres que cada día luchan por sacarle mayor y mejor partido a la vida en este mundo convulso. La búsqueda de la fe es un fenómeno sociológico que distingue el final de este siglo y ese “redescubrimiento” de la filosofía de la vida Yorubá, tan ligada a nuestra identidad, ha engendrado la proliferación de millones de seguidores en todo el mundo. Unos lo han hecho increíblemente bien y otros se convirtieron en mercenarios y mercaderes de la fe.

Pienso que si un ser humano haciendo uso de su libre albedrío, decide poner su destino en una creencia, religión o culto (cualquiera que esta sea), debe hacerlo atendiendo a los principios más elementales de información, como por ejemplo: ¿Qué es esta religión?, ¿Es ésta una religión? ¿Cuál es su origen? ¿Estoy en el camino o en manos mejor indicado? La respuesta a esta última pregunta, la dejo en su  yo interno.

 Hay que tener en cuenta que los fenómenos religiosos evolucionan junto con el hombre; aquel que sólo alcance a ser un repetidor de ideas no podrá llegar a la raíz del asunto ni a enfrentar las contradicciones que esas ideas pueden generar. La convivencia es lo que hace posible la comprensión del comportamiento humano, el porqué de sus inquietudes, los objetivos de su vida, cómo piensan respecto a determinados problemas y cómo los solucionan.

¿Quién podría decir que no tiene un poco de sangre africana en las venas? ¿Cuántos de nosotros vibramos al sonido de un tambor a la orilla de la playa frente a una fogata en una fiesta a San Juan o a un San Benito, así como a un wemilere o un batuque? ¿Cuántos de nosotros suspiramos al vernos frente a la perfección de la naturaleza y del mundo que nos rodea? Sobretodo en Venezuela, Tierra de gracia.

Cada año, en todas partes del mundo, miles de sacerdotes de Ifá se reúnen para discernir y consultar a través del Oráculo de Ifá, las nuevas buenas o el porvenir de sus seguidores, en sus respectivas localidades y países. Venezuela no es la excepción y cada año se presta más atención a los vaticinios contundentes de este milenario y rico oráculo. Uno, sino el más completo oráculo jamás aprendido por el hombre, que nos transporta al pasado y al futuro, haciendo mejor nuestro constante presente… cada día cientos por no decir miles de personas activan este maravilloso Oráculo para conocer sus mejores destinos y saber de qué manera sortear los obstáculos de la vida y vencer cualquier vicisitud que se nos pueda presentar. De nosotros es menester y responsabilidad, seguir el llamado y oír el consejo de esta poderosa muestra de las fuerzas de la naturaleza. No sólo por una revelación anual, si no por una constante formación y educación, eligiendo a los mejores y más capaces, a los que sean ejemplo de su comunidad, a aquellos hombres y mujeres, Bàbálàwos, Òlórishas, Iworos, creyentes en general de una de las más ricas expresiones de fe, de cuantas existen en nuestro orbe.

Así empieza nuestro maravilloso viaje por el mundo de los Òríshas. Asi nos dice un refrán africano, tomado del cuerpo de Ifá:

Al hombre que no sabe y no quiere aprender: Húyele.

Al hombre que no sabe y sabe que no sabe: Instrúyelo.

Al hombre que sabe y no sabe que sabe: Despiértalo.

Al hombre que sabe y sabe que sabe, pero no hace alarde de saber: Síguelo.

Òdu de Ifá Òbàrà Meyi.

 

Continuará…

Atentamente

Juan Manuel Ceballo

Òlúwo Òmó ni Shangó Bàbálàwo Òbàrà Sa

Sec. Gral. ANSI Venezuela


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Juan Manuel Ceballo Obara Sa
Juan Manuel Ceballo - Awo Obara Sá
Secretario General de ANSI at | isowo16@gmail.com | + posts

Awo ni Orúnmila Obara Sá (1992). Oni Shangó (1982). Asesor de Empresas.

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