“Nueva Normalidad” en la práctica de Ifá y Osha

Nueva Normalidad

El año 2020 ha sido convulso en cada rincón del planeta tierra y nadie puede ser indiferente a los efectos de este nuevo coronavirus sobre todo el ámbito humano. Algo microscópico ha sacudido la forma como nos relacionamos, la economía, el trabajo, la producción, el arte, la enseñanza, el deporte, la diplomacia, pero sobretodo, el ejercicio de la fe a través de las religiones y cuando se trata de volver a salir de la fase de cuarentena y distanciamiento social, las autoridades a nivel mundial hablan de algo novedoso llamado “nueva normalidad”.

Por nueva normalidad debemos comprender que es retomar algunos aspectos de nuestras vidas cotidianas, pero suprimir otros. Esto varía en cada país por cuanto no existe un consenso global respecto a qué hacer frente a esta situación y es lógico, porque cada cultura es distinta. Por ejemplo en un país como Venezuela, de un estado a otro, cambia la forma de interacción social, laboral y cultural de modos significativos.

Otro elemento que dibuja de manera individual lo que es la nueva normalidad, es el criterio de las autoridades de cada país, ya que si con la pandemia las medidas adoptadas han sido diversas, donde unos protegen al ser humano a un alto costo económico, otros protegen las economías a un alto costo humano, y una tercera parte busca un equilibrio entre ambas cosas.

El problema de la práctica de la fe

Entre esos elementos afectados en la nueva normalidad esta la práctica de la fe de absolutamente todas las religiones, porque la inmensa mayoría consisten en la conformación de comunidades que se reúnen y de manera colectiva estudian la fe, siguen una doctrina o realizan actividades litúrgicas de distinto alcance.

Las religiones más populares y extendidas tienen el encuentro social como punto de honor. En templos donde se reúnen a orar, reflexionar y predicar sus doctrinas fundamentales, hoy en día, no se puede estar, ya que el distanciamiento social demanda evitar las aglomeraciones de personas. Adicionalmente, sabemos que quienes más tiempo dedican a participar en actividades de fe, suelen ser personas de la tercera edad que son considerados parte de la población de riesgo frente al nuevo coronavirus, planteando una realidad compleja de resolver.

En el caso de los practicantes de la Religión Yoruba-Lukumí, por lo menos en Venezuela, no tenemos espacios que puedan ser considerados templos, ya que el templo de cada consagrado es su hogar o donde él se encuentre ejerciendo su acción ritual. Sin embargo, no somos una sociedad aislada, por el contrario, la reunión social dentro del marco ceremonial es base fundamental, pero no en un espacio controlable.

Esta variable, hace que la responsabilidad de cómo nos adaptemos a la “nueva normalidad” sea un asunto de conciencia individual. Es necesario que comprendamos frente a que estamos parados en este momento y durante un tiempo que no ha sido precisado para encontrar una cura o forma de control del coronavirus a través de la ciencia y la botánica.

La práctica religiosa en plena pandemia

Para una consulta, es necesario verse de cerca, conversar, tocar las manos, entregar un instrumento de la adivinación entre el religioso y el que se está consultando, etc. Al momento de realizar una obra (ebbó) el contacto puede ser mayor, porque es el contacto físico a quien se limpia, se le sopla agua o aguardiente, se le coloca el Ashé (aliento) del religioso, la cercanía entre los religiosos que trabajan juntos, en fin, una inmensa cantidad de situaciones donde el distanciamiento es complejo.

La situación es más difícil cuando se realizan ceremoniales, porque dada la complejidad de un ritual, la cantidad de religiosos que deben hacer presencia y cumplir funciones, lo extendido de una consagración, los pasos que deben cumplirse, entre otras cosas, hacen que el distanciamiento social represente un reto para la práctica de Ifá y Osha.

Otro elemento que es parte de nuestra cultura y cumple un rol ritualístico es el tambor a los orishas y los ancestros. Primordialmente una celebración (aunque también tiene su fin de homenaje luctuoso), el tambor consagrado o profano es un momento de reunión social y espiritual muy importante para el practicante de nuestra religión, ya que además de ser un homenaje a los orishas, permite establecer comunicación con ellos y por ello convoca a multitudes.

Todo lo antes expuesto es un vuelo rasante por entender nuestras prácticas antes de la aparición del nuevo coronavirus. El problema es el ahora, cuando no sabemos dónde se esconde el enemigo llamado Covid-19, cuya letalidad es una lotería que le puede tocar a cualquiera y para lo cual la única cura es el distanciamiento social.

Sin precedentes para comparar

El momento actual es novedoso, y no tenemos como saber que pasó entre los sacerdotes de Ifá y Osha en Cuba durante la epidemia de la llamada “Gripe Española” en la segunda década del siglo XX y que causó tanta muerte en muchos países. No se consigue registro que explique cómo se hizo en aquel entonces para realizar todo el proceso ceremonial cuando también hacía falta el distanciamiento.

Entendiendo esto que se menciona antes, lo que hagamos hoy mientras transcurre la llamada “Nueva Normalidad” será novedoso, pero debe respetar cosas fundamentales como el corpus religioso de Ifá y los tratados de Osha, pero también el autorespeto y el respeto a nuestra comunidad.

Cuando hablamos del respeto al corpus filosófico y religioso de Ifá y los tratados ceremoniales sobre los cuales se fundamentan nuestras prácticas, nos referimos a que una ceremonia no debe suprimir pasos que sean trascendentales, que sean la esencia de lo que se está haciendo, pero si es importante considerar cosas como el uso de los implementos de protección para las personas y los enseres y objetos que serán utilizados.

Son tiempos donde debemos pedir a Orúnmila, a los Orishas y a los ancestros, además de salud, una inmensa sabiduría para tomar las mejores decisiones y acciones en función de los tiempos que vivimos, de las amenazas latentes que llegan a la puerta de nuestras casas y de cómo orientar a nuestro pueblo religioso que acude a la religión para solventar sus problemas.

Ifá nos ha demostrado a lo largo de la historia que es capaz de superar cualquier momento de adversidad, quedando en manos de nosotros como proceder con prudencia, conciencia y paciencia.


Los artículos de opinión son responsabilidad única, individual y exclusiva de sus autores y no representa la posición, argumentos o ideas de la Asociación Nacional de Sacerdotes de Ifá (ANSI) indistintamente de la posición o cargo que ocupe dentro de la estructura nacional, regional o municipal de esta institución, salvo que se comunique en acto oficial lo contrario. Las opiniones, consideraciones y posiciones oficiales de la Asociación Nacional de Sacerdotes de Ifá de Venezuela (ANSI) serán solo aquellas que sean producto de sus comunicados oficiales decididos en sesión de Junta Directiva y Concilio Nacional.
Carlos J. Rios Awo Ogbe Sá
Carlos J. Ríos - Awo Ogbe Sá
Secretario Nacional de Comunicación y Tecnología de ANSI at | carlosjrioscdve@gmail.com | + posts

Awo ni Orúnmila Ogbe Sá (2008). Omó Odduduwa. Especialista en Marketing Digital, Redes Sociales y Programación Web. Administrador de Personal y Contador Público en formación.

Publicaciones Relacionadas

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *